Vives o Sobrevives?

Pensar sobre nuestra vida puede ser algo abstracto, difuso, pero nuestra realidad es bien concreta. En el día a día se fragua nuestra existencia. El placer, el dolor, la ansiedad, los miedos, las ilusiones, los logros… todo sucede momento a momento con cada acción y omisión.

Nos adaptamos y acostumbramos a lo que conocemos, aunque sea doloroso, aburrido o deprimente. La gran mayoría sólo nos atrevemos a cambiar nuestros hábitos y estructuras de vida cuando la realidad nos resulta demasiado insoportable, o bien cuando vivimos alguna experiencia intensa de placer que nos recuerda nuestro silencioso sufrimiento.

DSC00701A lo largo de nuestra historia vital nuestra naturaleza más íntima ha sido negada en multitud de ocasiones y nosotros la seguimos negando en el presente. Una de las claves para poder vivir en lugar de sobrevivir consiste en reconciliarnos con esta naturaleza interior.

La vida es placer y dolor, dejamos de sentir placer para evitar sentir el dolor. Y así dejamos de vivir.

Llegando al punto de inhibir una respiración plena y saludable. Literalmente nos falta el aire y casi todos soportamos sin darnos cuenta grandes tensiones en nuestros cuerpos que alteran nuestra postura corporal y limitan nuestra capacidad de movimiento y expresión. Esta armadura corporal refleja a la vez las tensiones y inhibiciones emocionales y psicológicas que soportamos.

La incapacidad de sentir el placer en toda su expresión nos hace sentir carentes e impotentes. Debido a esta sensación de vacío corremos y corremos en busca de una hipotética felicidad que raras veces llega.
Cuanto más corremos mayor es nuestro sufrimiento. Nuestra huida del dolor nos proporciona una anestesia que preferimos a la experiencia viva. El precio puede ser una vida gris y vacía o una huida permanente a los extremos. Un equilibrio aparente que puede desmoronarse en cualquier momento.

Aceptar el dolor sin apegarnos a él abre nuestra capacidad de vivir plenamente, encarando la realidad sin huir de ella. No hace falta llegar al cielo para sentir el placer de vivir. La plenitud y el gozo de ser son experiencias corporales, no conceptos teóricos, ni un estado más allá de la realidad manifiesta.

Cuando empezamos a respirar de forma plena, cuando soltamos tensiones innecesarias, cuando contactamos con las partes olvidadas de nuestro cuerpo, entrando en contacto con nuestra propia historia corporal y emocional podemos sentir la vida en nuestro pellejo. Podemos sentir plenitud, placer, VIDA.

Para conseguirlo podemos realizar ejercicios que nos ayuden a estar en contacto con nuestros cuerpos y emociones, y participar en procesos de desarrollo que nos ayuden a tomar las riendas de nuestra existencia.

Redescubrir la sensación de vida y poder en nosotros nos ofrece una base firme para vivir y supone grandes mejoras en nuestra calidad de vida.

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